IGLESIA DE HATOVIEJO

Imagen escaneada, tomada de: Bello.
Patrimonio Cultural
En la segunda mitad del siglo XVIII la población
se triplicó en Hatoviejo (1000 habitantes que formaron 160 familias).
En su gran mayoría fueron gentes pobres y campesinas que habían
(por la distancia) crecido en cierto relajamiento de las costumbres. De ahí
la queja de los párrocos y las visitas de la Santa Inquisición.
Se mandó demoler las iglesias viejas y estrechas y construir otras más
amplias, y acabar con las viceparroquias más conflictivas.
Ante el incumplimiento de la orden de demolición
de la vieja capilla (con más de 100 años de edad) y construcción
de la nueva, el gobierno eclesiástico de Popayán envió
al obispo Dr. DN. Ángel Velarde y Bustamante en 1792. Este hizo un balance
de las joyas de la virgen y encargó al Pbro. Don Casimiro Tamayo y Don
Carlos Paniagua (con consentimiento de la reunión de vecinos) verderlas
y dedicar el producto a la construcción de la nueva iglesia (1).
La visita ordenó construirla con oficinas
necesarias: una pieza al lado opuesto de la sacristía, con una sóla
puerta a la iglesia, que sirva para guardar los utensilios y reliquias; un baptisterio
en cuadro con rejas de madera torneada, puerta y cerradura, una buena pila bautismal;
una tinaja con agua "pura y limpia"; dos pilas de agua bendita, un
retablo de escultura sencilla, un sagrario, un púlpito y dos confesionarios
"buenos con rejas estrechas" (2).
La visita hizo un balance de las joyas de la
virgen. Contó 197 entre gargantillas de oro, cruces y dos coronas con
cetro. Todas las joyas se describieron. Las más bellas pudieron ser "...una
rosa con cruz de 19 esmeraldas engastada en oro; una gargantilla de 55 cuentas
medianas y rayadas, de oro con cruz de lo mismo pendiente de una águila
de oro y un relicario de lo mismo con Santa Teresa a un lado y un corazón
al otro..." (3).
Se mandó trasladar las tumbas al nuevo
templo, vender el lote que resultare de la demolición de la vieja capilla
y hacer casullas decentes para el cáliz con capa azul, flores blancas
y galón de oro; se ordenó fundir los ocho candelabros de plata
para hacer cuatro de buen tamaño; conservar los vasos sagrados, ornamentos,
alhajas y pinturas; y se "...traslade y coloque con decencia a la Imagen
de Nuestra Señora de Guadalupe en la iglesia parroquial..." (4).
Y no es que la autoridad eclesiástica hubiese usurpado la tierra. El
Hatoviejo fue dado desde 1690 en capellanía a dos hijos del capitán
Antonio de Piedrhíta: Luis y Alonso. Con esta figura rentística
(la capellanía) la iglesia hacía del beneficiario un presbítero,
y la tierra pasaba a perpetuidad a producir para pagar réditos o renta.
Es decir, la tierra se amortizaba. A su vez la capellanía tenía
un titular o administrador quien, en definitiva, garantizaba los pagos.
Al vender el solar que resultare de la demolición
de la vieja capilla, se ordenó respetar la plaza "...que debe presentarse
para el previo desahogo y lucimiento de la nueva..." (5). La plaza -dice
el documento citado- es de legítima pertenencia de la Iglesia Parroquial,
"según diligencia practicada por el Presbítero Don Luis Francisco
López de la Sierra en virtud de comisión confidencial de nuestro
vicario de Medellín" (6). Y no es que la autoridad eclesiástica
hubiese usurpado la tierra. El Hatoviejo fue dado desde 1690 en capellanía
a dos hijos del capitán Antonio de Piedrhíta: Luis y Alonso. Con
esta figura rentística (la capellanía) la iglesia hacía
del beneficiario un presbítero, y la tierra pasaba a perpetuidad a producir
para pagar réditos o renta. Es decir, la tierra se amortizaba. A su vez
la capellanía tenía un titular o administrador quien, en definitiva,
garantizaba los pagos.
La capellanía sobre Hatoviejo se hizo
sobre un valor de 2.000 pesos en oro de veinte quilates. Los hijos del capitán
Piedrhíta, en 1708, pasaron parte de esta capellanía o hipoteca,
a las tierras del pedregal (7), pero sólo por 500 pesos de oro de veinte
quilates. Esto desamortizó en algo la tierra del Hato, permitiendo la
compraventa y el poblamiento durante el siglo XVIII, y que la iglesia conservara
poder sobre la plaza y sus derredores.
La nueva iglesia de Hatoviejo se construyó
en tapia y teja y el frontis en adobe y cemento. En el frontis, de tres cuerpos,
se incluyeron elementos arquitectónicos coloniales, haciendo primar un
gusto típicamente romántico, combinando el arco y la columna esbozada
o manifiesta. El domo de la torre central muestra una geometría de aristas
al vuelo a manera de cornisas. En general, el frontis es austero y sin antropomorfismos,
como queriendo convocar al fiel contra lo pagano y la impureza. Siguiendo las
mismas intenciones en el altar se manifiesta con claridad la combinación
del arco y la columna con capiteles de motivos vegetales (ya insinuados en el
frontis), todo en madera, policromada.
Originariamente, las reliquias fueron las doce
pinturas que representan a los apóstoles, y la imagen de la patrona Virgen
Nuestra Señora del Rosario de Guadalupe. Dice de ellas Marco Fidel Suárez
en "los Sueños de Luciano Pulgar", que son óleos de
"pincel español que quizá donaría doña Ana"
de Castrillón Bernaldo (8). De ellas sí puede afirmarse con certeza,
fueron inventariadas en la visita de 1792. Fue muy probable que las joyas y
reliquias en su mayoría las donara dicha acaudalada señora desde
fines del siglo XVII o principios del XVIII, puesto que ella fue la titular
de una de las capellanías que pesaron sobre el Hatoviejo (9).
Tomado de:
Alcaldía Municipal. Departamento Administrativo de Planeación
y Servicios Técnicos. Bello. Patrimonio Cultural. Litomadrid: Medellín,
2003. p. 32-37
Notas.
1. A. H.A. Colonia. Eclesiástico. Tomo 81. Documento
2251 de 1792.
2. Idem.
3. Idem
4. Idem
5. Idem
6. Idem. Además: A.H.A. Colonia. Escribanos. Documento 5 de 1708. Testamento
de Doña Jacinta de Piedrahíta.
7. A.H.A. Colonia. Escribanos. Documentos 35 y 36 de 1708. Transpaso de censo
y aseguro de capellanía.
8. SUAREZ, Marco Fidel. Los Sueños de Luciano Pulgar. XII Tomos, Bogotá,
Edotorial ABC, 1954. Tomo IX. Pág. 127.
9. A.H.A. Colonia. Escribanos. Documentos 35 y 36. Op. Cit.