Para que la memoria no se olvide

Historia del Centro Cultural Suárez

Autor: 
Edgar Restrepo
Publicado en: 
Sábado, Abril 25, 2015 - 4:15pm
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Centro Cultural Suárez

Su origen

El Centro Cultural nació en un ambiente de intolerancia política del país.   A un año de su creación, había sido asesinado Jorge Eliécer Gaitán, principal líder del partido liberal con grandes opciones de llegar a la presidencia y representante de amplios sectores populares y campesinos.

 

En 1950 era elegido por exclusivos votos conservadores Laureano Gómez Castro y durante su mandato se agudizó aún más la violencia social y política, surgiendo las guerrillas liberales y la ampliación de las comunistas. Su gobierno fue partidario de los gobiernos fascistas europeos y luego de su derrota en la segunda guerra mundial, apoyó los postulados norteamericanos sobre la democracia y la defensa continental del comunismo; y a nivel local, su administración fomentó la violencia contra los liberales.

 

La ciudad de Bello no estuvo ajena a este clima de intolerancia política, y fueron frecuentes los linchamientos o “aplanchamientos” de los conservadores hacia los liberales. “Un ciudadano liberal le daban plana hasta que el tipo quedaba desmayado, no llegaron aparentemente a matar a nadie, aunque yo si creo que algunos murieron como consecuencia de esas aplanchadas”[1]. Otro ingrediente de la atmosfera que se respiraba en Bello por aquella época, fue la formación de grupos de conservadores armados, quienes eran conducidos a otras localidades para cometer actos en contra de los liberales; como fue el caso de un grupo que se formó especialmente para ir a quemar la sede del partido liberal en Rionegro.

 

Los nueve quijotes

Para la creación del Centro Cultural varios jóvenes se reunieron  por primera vez en casa de Don Abel Álvarez (Cra. 49 No. 52-68), el 17 de abril de 1949, domicilio que aún se mantiene en pie como testimonio de una historia local olvidada y que se puede apreciar todavía, pues se conserva muy bien por sus actuales propietarios descendientes de don Abel.

Entre los nueve quijotes tenemos a: José Benjumea Agudelo, Rafael Castaño Franco, Miguel Ángel Días García, Abel Álvarez, Israel Escobar Agudelo, Alfonso Hernández, Delimiro Moreno Calderón y Hernando Velásquez Roldán. Eran un grupo de jóvenes, entre 17 y 19 años, del antiguo Liceo Manuel José Caicedo, quienes habían estado realizando tertulias sobre literatura, arte y cultural general. Para unos, ese grupo se caracterizaba “por su espíritu irreverente y libertario, por la insumisión en sus posiciones, por ser rebeldes en lo político...eran jóvenes sin cálculos, que no pensaban en términos de rentabilidad. Lejos de ellos el arribismo, la adulación, el servilismo o la hipocresía. Su trabajo se destacó por su autonomía, espontaneidad y espíritu crítico[2].

 

En los siguientes años, se unieron otras personas al Centro, llegando a contar hasta 25 miembros. En algunos momentos, como bien dice don Delimiro Moreno, el Centro Cultural contó con la participación de “distinguidas damitas de la sociedad”, como Lucía Velásquez, Oliva Cardona, Libia Díaz Roldán, Helena Galvis, y Marta Montoya, entre otras[3], contribuyendo algunas como directoras más activas, de la recién inaugurada biblioteca Marco Fidel Suárez.

 

Estos jóvenes provenían en su mayoría de  clase media y obrera, hijos de trabajadores independientes, algunos eran estudiantes; unos con inquietudes literarias y periodísticas como Ramiro Jaramillo, activos en la política local como Delimiro Moreno, (su padre era uno de los principales jefes liberales); o  Rafael Castaño en calidad de secretario del Concejo Municipal. Otros eran obreros o sindicalistas como Abel Álvarez, quien fue presidente del sindicato de Tejicondor.

 

¿Qué se proponía este grupo de jóvenes?: “luchamos por superar cada día la etapa de la ignorancia; por crear un ambiente propicio al estudio y discusión de los problemas humanos; por despertar al común de las gentes de ese aletargamiento perjudicial que las retiene en desesperante rutina; queremos que Bello haga honor a su dilecto hijo: EL GRAN SUÁREZ...”[4]

Era indudable para los socios del Centro Cultural que la ciudad de Bello, estaba pasando por una etapa de progreso y crecimiento urbano; pero que no sucedía lo mismo en el campo de “la cultura, del civismo y de la intelectualidad”.

 

Sus debates

El centro presentó una verdadera diversidad de opiniones políticas y tendencias sociales, lo que enriqueció sus debates, con pleno respeto a la libertad de expresión y pensamiento. “En las reuniones cada miembro presentaba un trabajo personal sobre cualquier tema y se discutía posterior mente”. Al interior del Centro Cultural se pueden identificar dos vertientes ideológicas: la representada por Rafael Castaño  desde su posición conservadora y de derecha, y Delimiro Moreno desde sus principios liberales y luego en la izquierda comunista. Además de las posiciones ideológicas, se escribía literatura y poesía, colocándola en común.  Las críticas se realizaban a veces con moderación, otras de forma tajante, rompiendo aquellos escritos que se consideraban malos.

 

Por otra parte con su labor, motivaron la creación del Centro Cultural Femenino, integrado por las señoritas Helena Galvis, Alicia Arismendi, Isabel Alzate, Teresa Tobón, Elisa Castaño, entre otras; porque “a nadie se le oculta que es necesario que la mujer  vaya preocupándose por ocupar el lugar de avanzada que le corresponde en la lucha por la cultura”.

 

Como parte de su actividad, el Centro se integró con el más importante Centro Cultural de Medellín, el Centro Cultural Porfirio Barba Jacob, donde figuras intelectuales como Gonzalo Arango y Stanislao Zuleta, marcaba la pauta de sus reuniones. Algunos de ellos fueron invitados a las reuniones del Centro Suárez, para que compartieran sus ideas frente a temas de moda y dieran mayor nivel intelectual al mismo.

 

Puntos álgidos de esos debates fueron la caída del gobierno de Laureano Gómez y el consecuente golpe de Estado de Rojas en junio de 1953 y el Existencialismo como movimiento filosófico de moda.  El mismo Don Delimiro Moreno nos cuenta:

 

“Ese 15 de junio, dos días después de la toma del poder por Rojas Pinilla, (nos reunimos) cuando todo el mundo estaba en la euforia, liberales y conservadores, inclusive mi familia, Mi padre era jefe liberal...”...”yo tenía un poco más de información, sabía de la actuación de Rojas en Cali, el 9 de abril y entonces pedí la palabra, diciendo: “la dictadura ha muerto, viva la dictadura”. Ante el asombro de los tipos, ( como así que viva la dictadura?), les explique,: “el señor Rojas Pinilla, no es precisamente un demócrata, sino que es un fachista del mismo estilo del señor Laureano Gómez,  se ha aprovechado de esta coyuntura para tomar el poder y mantener así la dictadura conservadora y militar, que durante cinco años hemos resistido en el país, y que vamos ha tener que resistir y seguir resistiendo”.

 

 El debate se abrió:  unos argumentaron en contra, otros a favor. El Centro vivió unos de su momentos más agitados, pues para la ocasión y con motivo del Golpe, muchas personas concurrieron a la sesión con el fin de oír las opiniones que se iban a emitir allí.

 

En general, el golpe de Rojas fue bien recibido en los medios políticos de la ciudad: “el Directorio liberal, presidido por Francisco Luis Paniagua,  Don Octavio Moreno y otros jefes liberales estaban satisfechos”. Sin embargo para la vida de Don Delimiro su discurso traería consecuencias: “yo que había sido secretario del directorio liberal como joven liberal e hijo de un jefe liberal importante. Ese discurso significó mi expulsión del Directorio. Porque eso fue terrible. Ahí empezaron mis discrepancias con el liberalismo y mi adhesión, primero al socialismo de Antonio García y posteriormente al partido comunista[5].”

 

Otro de los momentos polémicos creados por el Centro Cultural fue cuando se publicó en el primer número del periódico IDEAS, órgano de difusión del  Centro Cultural, el 7 de septiembre de 1952, el artículo “El Existencialismo, filosofía del hombre”. El tema había sido previamente sometido a la “critica y estudio” de los miembros del Centro Cultural y ahora se publicaba porque “ahora queremos que la ciudad aprecie también las ideas y conceptos expuestos”.

 

El Articulista, Don Abelardo Ospina, afirmaba en uno de sus apartes que el Existencialismo era la filosofía “mas llamada  y apta para una resurrección del hombre”, cuestionando la base doctrinal de la salvación cristiana como única vía. En varios puntos se cuestionaba  el origen divino del ser humano porque lo concibe en su individualidad y en sus condiciones concretas de existencia y no producto de  “un autor eterno”; la liberación del sufrimiento de la vida moderna por sus propios medios, sin intermediarios, con gran confianza en sus facultades intelectuales y en la concientización de su ser.

 

Como podrá entenderse, tales ideas difundidas en un medio informativo local, y en una Antioquia profundamente católica y conservadora, fomentó la reacción del clero en cabeza del padre Rogelio Arango, quien profirió un “pulpitazo”: “que si la juventud se iba a encaminar por ese lado, había que combatirla”[6]. Para disminuir los ánimos en contra del Centro Cultural y evitar la posible amenaza de aislamiento social y estigmatización de movimiento intelectual ateo, los miembros decidieron que en el próximo número Don Delimiro publicara un artículo refutando las ideas expuestas, el cual llamó “El Existencialismo, Filosofía corruptora”. Comenzaba así : “Corre ahora de moda entre las juventudes de todo el mundo, como un homenaje a la mediocridad y el fracaso ante las grandes  filosofías tradicionales, el pretender que una doctrina  o método de vida llamado Existencialismo sea la panacea para salvar al hombre del caos y del olvido, de la ignominia y la nulidad”.  Y para denunciar esta filosofía en el medio intelectual entre la juventud local, escribía: “El Existencialismo es ateo por su propia naturaleza, niega a Dios por que lo considera innecesario, abjura de la moral y pretende que el hombre es por sí mismo un fin.” Don Delimiro escribió el artículo a su pesar y en contra de su convicción personal, y para salir avante, expuso razones ya expuestas en la Revista  de la Universidad Católica Bolivariana, en la encíclica del papa Pio XII, HUMANIS GENERIS, y criticando la falta de coherencia y unidad del movimiento existencialista.

 

Su desarrollo alrededor de la biblioteca

La idea de la biblioteca nació de la necesidad de contar con un servicio interno de los mismos socios del Centro. Para comenzar esa tarea, en julio de 1949 se aprobó  la propuesta de que cada uno de los miembros donara un libro y así crear un modesto inventario de uso común.  En vista del buen resultado, ya en octubre a alguien se le ocurrió la idea de ampliar la biblioteca para el servicio general; como  punto de partida de su tarea cultural y de su propósito de civilización hacia la población bellanita.

 

Sin embargo para su funcionamiento se necesitaban  además de libros; un mobiliario, un local, útiles de oficina y un empleado. El esfuerzo del Centro se dirigió a ese propósito durante todo ese año de 1950 y aunque nombraron “directores” a Rafael Castaño, Bernardo Tobón y Oscar Gómez, “las circunstancias no permitieron que estos señores desarrollaran ninguna actividad”.  Además, el Centro desplegó diversas actividades como  impulsar toda una semana Pro-busto a Suárez, la recolección de fondos para fundar un periódico y el envío de notas a los intelectuales de Medellín para que donaran un ejemplar de sus obras.

 

Paralelamente, el Centro Cultural impulsaba el rescate de la chocita de Suárez. En 1951, un cambio político favoreció sus propósitos. El gobierno del General Rojas Pinilla, había suspendido las actividades políticas del Concejo y de la Alcaldía, reemplazándolas por un Concejo Administrativo, nombrado por él mismo[7].  El nuevo Concejo Administrativo  autorizó al Personero Municipal para que el Centro se hiciera cargo de la custodia del inmueble. Igualmente aprobó unos auxilios monetarios por valor de 125 pesos mensuales, con el fin de que el Centro  concretara un local para la biblioteca, el cual se arrendó en marzo de 1951, y comprara algunos libros o revistas. El bibliotecario atendía ad-honorem”[8]. “y empezó (así) la caravana de cosas pequeñas hacia el cuartico cerrado que pomposamente llamábamos ”Biblioteca””.

 

Con este acto administrativo, el Concejo Administrativo reconocía el prestigio alcanzado por el Centro Cultural, el ánimo de varias personas por impulsar el desarrollo cultural del Municipio y la importancia de la biblioteca en la localidad. Aunque en un principio, la iniciativa tuvo resistencias, pues Don Rafael Castaño, miembro del Centro y secretario del Concejo Municipal, al diligenciar tal acuerdo, encontró la oposición de algunos ediles, como Leonel Gómez, “El Marinillo”, “conservador a ultranza, cavernario, hacía mal con sus intrigas y comentarios, donde afirmaba que allí en el Centro, se reunían personas de izquierda y revolucionarios”[9].

 

La biblioteca comenzó a formarse con los libros donados por los miembros del Centro Cultural, entre ellos los 200 volúmenes de Delimiro Moreno, y los de la Biblioteca Santander de Medellín, dirigida por Bernardo Blair Gutiérrez. El inicial inventario se enriqueció aun más con la donación la biblioteca personal del Padre Roberto Jaramillo, que incluía los principales clásicos españoles y quien fue presidente honorario del Centro el 12 de Octubre de 1952. En los siguientes años se hicieron presentes otras donaciones de personas particulares como el padre José M. Agudelo, Enrique Mora, Marco Giraldo, Teresa Tobón, entre otros.

 

La biblioteca tomó impulso definitivo con la visita en julio de ese mismo año, del director de la Biblioteca Santander (hoy Biblioteca Publica Piloto), Bernardo Blair Gutiérrez, previa invitación del Centro, donde en un “momento de exaltación y buenos propósitos” prometió 500 volúmenes. Es así como la Biblioteca “Marco Fidel Suárez”,  abrió oficialmente sus puertas al publico el 12 de octubre de 1951 “en un modesto local de la calle Santander” de la Institutora María Díaz, (actualmente diagonal a la Floristería Eliria) con la asistencia oficial del presidente del Centro Cultural, Delimiro Moreno, el presidente Honorario Bernardo Blair Gutiérrez y el alcalde Municipal Pedro Pablo Restrepo:

 

“El día de la inauguración había sido profusamente anunciado en la prensa de Medellín y por carteles que era uno de los números de las festividades con motivo del Día de la Raza, 12 de octubre. Pero pocas personas se presentaron a contemplar el acto. Las autoridades  civiles, la Reina de Procinal, el Centro en pleno y algunas señoritas y jóvenes estudiantes, fueron los únicos pero valiosos testimonios del nacimiento de la Biblioteca. Don Bernardo Blair  Gutiérrez hizo el elogio de la obra y el señor presidente Delimiro Moreno, declaró en corto discurso inaugurada oficialmente la Biblioteca” [10].

 

La estadía de la biblioteca en la calle Santander duró hasta 1953, cuando se trasladó al recinto del Concejo Municipal por diligencias de Rafael Castaño, secretario del mismo. Este aprovecho el periodo de recesión de actividades del Concejo, para solicitar el espacio para la biblioteca y así no seguir pagando arriendo.  En el recinto del Concejo, duró la biblioteca hasta 1953, cuando se comenzó a construir el edificio nuevo, financiado por el Banco de la República, en el terreno del Centro Médico, propiedad de la Nación. Finalmente en abril de 1955 se creó el cargo de Bibliotecario con una asignación mensual de 250 pesos y nombrado por la alcaldía municipal[11].

 

 

Su órgano de difusión Ideas

El mismo día en que se fundaba oficialmente la Biblioteca, el 12 de octubre de 1951, salió a la luz pública el periódico Ideas, principal órgano de difusión que tuvo el Centro Cultural. En él, sus miembros comunicaban y difundían sus ideales, así como impulsaban la campaña para rescatar la “chocita” como símbolo de la obra y el pensamiento de Don Marco Fidel Suárez. Esa fue su principal meta en los años venideros y se convirtió en el principal motivo de su tarea cultural entre el pueblo bellanita.

 

Adicionalmente, sus miembros publicaban en una sección llamada “Página  Antológica”, la biografía de personajes destacados de la ciudad, en el campo de la literatura, la jurisprudencia, la política y la Iglesia como el padre Baltazar Vélez, Fernando Velez Barrientos, Gabriel Echeverri, el general Manuel Tamayo y los Joaquín Bustamante y Joaquín Tobón.

 

La dirección del periódico estuvo a cargo de una comisión integrada por Rafael Castaño , Luis Mejía y José Benjumea; ellos mantenían comunicación con  otros medios periodísticos como El Colombiano y la Revista Sábado de Bogotá. En el primero se  destacaba el fin de  IDEAS y “el esfuerzo  laudable y natural  forzosamente apostólico, pues no se persiguen objetivos  comerciales”[12]. En el segundo, se realizó una pequeña reseña del Centro Cultural mostrando sus logros y el progreso industrial y comercial de la ciudad[13].

 

Así mismo, varias personas escribían a la dirección del periódico felicitando al Centro por su “arrojo y valentía” y recordando otros periódicos en 1931 y 1933, como “Signos”  y “La Razón”, dirigidos por Enrique Patiño y Arturo Builes, respectivamente. Otros desde Copacabana, Segovia o Líbano (Tolima) agradecían el envío y reconocían el papel que jugaba en el desarrollo cultural de Bello.

 

Un lector de seudónimo Heli Dugal, apuntaba con bastante sentido sobre la naturaleza del esfuerzo cultural del Centro: “Orientar al ciudadano por la ruta del progreso intelectual, es una empresa ardua y casi siempre ingrata, pero produce inmensa satisfacción, cuando del conglomerado social se saca un número, aun cuando sea pequeño, de personas que saben a preciar el gran anhelo de perfección humana”[14].

 

Al terminar 1952, el presidente en esa ocasión, Rafael Castaño, realizaba un balance: “Nuestro decidido empeño por difundir la obra y la vida del insigne maestro Don Marco Fidel Suárez ha sido por todos los conceptos un éxito rotundo. Desde la biblioteca tenemos la intima convicción de que la labor ha sido fecunda y favorable a la cultura del pueblo. Y la fundación de este órgano periodístico, sintetiza un anhelo general porque Bello se enrumbe definitivamente por la senda de un progreso equilibrado en todos los órdenes”[15].

El periódico IDEAS tuvo una corta vida. Sólo se imprimieron cinco números hasta junio de 1953, cuando el gobierno de Rojas estableció la censura de prensa; y su sostenibilidad se vio comprometida antes los escasos suscriptores y la disminución de las donaciones monetarias de sus simpatizantes.

 

Rescatar la choza

Al fundarse el Centro Cultural, uno de sus propósitos fue rescatar del olvido y abandono la choza de Don Marco Fidel Suárez, porque su estado amenazaba ruina, estaba “sucia, con las paredes roídas, la techumbre con claros de gran dimensión”. Ninguna autoridad municipal o departamental se hacía cargo del lugar y por el contrario abundaban los peligros para la frágil edificación. En dos oportunidades, el Centro Cultural salvó de su desaparición la chocita : “la primera, de una creciente extraordinaria del arroyo “El Burro” que pasaba cerca y, al inundarla, amenazó con derribarla; y la segunda, cuando se incendió un depósito de combustibles que autoridades irresponsables habían colocado en el sótano del edificio contiguo, donde hoy funciona el liceo Francisco Antonio Zea, y cuyas llamas amenazaron seriamente el techo pajizo de la chocita y sus muros de bahareque”[16].

 

 

Para rescatar, preservar y poner en funcionamiento la choza  como lugar de interés local; el Centro Cultural escribió el 10 de enero de 1950 al Alcalde, al concejo Municipal,  y al Personero  solicitándoles la autorización para tomar por su cuenta y responsabilidad la administración de la “Chocita”: “Ocurre, señores, que el Centro Cultural ha venido hondamente preocupado en relación con la Choza del insigne hijo de este pueblo, Marco Fidel Suárez, pues en los últimos días, numerosos turistas que han venido de apartadas regiones a conocer este santuario de nuestra Democracia, no han podido hacerlo, ya que no les ha sido posible conseguir la llave. Este desdice mucho de nuestra cultura y de nuestro patriotismo, ya que en otros países, como México y los Estados Unidos, estos santuarios son objeto de gran veneración y custodia, tanto de parte del Gobierno como del pueblo”...[17]

 

El Concejo municipal viendo el interés decidido y cívico del Centro Cultural, autorizó al Personero, Jesús Espinal, para entregar la administración del inmueble, previo inventario de los objetos que hubieran allí, a sus representantes, Rafael Castaño y Delimiro Moreno.  Tal diligencia se realizó el 25 de enero de 1950, se registraron: tres pequeños cuadros religiosos, un retrato mediano de Suárez, una vitrina, dos libros de autógrafos, un taburete de hule y un armazón de taburete.

 

Al asumir su administración, los miembros del Centro Cultural adelantaron con dinamismo la recuperación de la chocita, llevando a cabo la vigilancia, el cuidado y la muestra del lugar a los turistas. Además cultivaron un pequeño jardín, blanquearon las paredes y llevaron con meticulosidad el libro de visitantes. Para realizar todo esto, pues el Centro “no poseía ni un solo centavo”, escribieron al Alcalde, al gobernador, al presidente; mejor dicho, como ellos mismos dicen: pidieron e intrigaron con el fin de obtener fondos. La alcaldía se hizo presente con trabajadores y el Concejo municipal con la aprobación de auxilios, tanto para la Biblioteca como para la preservación de la choza.

 

 

Construcción del monumento.

La idea de su construcción  nació un 7 de agosto de 1948, cuando se celebraba en el recinto del concejo municipal, los 25 años de la fundación de Fabricato, con asistencia de las principales autoridades políticas y el gerente de la empresa, Don Rudesindo Echavarría. Luego del acto oficial en el Concejo, los asistentes se trasladaron a la chocita, “animados de los más efusivos sentimientos de devota admiración hacia la figura del hijo de Doña Rosalía y (con el fin de) renovar los votos por el progreso de la población que se obtendrá por la unión de todos...don Rudesindo, en frases de emocionado patriotismo, prometió a nombre de la Empresa, cubrirla  con una urna de cristal”[18].

 

Inmediatamente se redactó una acta especial, firmada por Rudesindo Echavarría y los concejales asistentes como Leonardo Velásquez O., Bernardo Vélez, José M. García, Nicanor Benjumea, entre otros. El hecho fue registrado en la prensa nacional, quien elogió el gesto de la empresa y comentarios sobre la esperanza de su realización. Sin embargo, habían pasado cuatro años desde aquella acta y el Centro Cultural y la población se preguntaban: ¿porqué no se ha cumplido la promesa? ¿habrá habido encuentro de criterios en cuanto a su realización?, ¿no existirá acaso la suficiente coordinación entre las autoridades y la empresa donante sobre este punto?. IDEAS señalaba que ante estos interrogantes, sólo había la certeza de que Fabricato que se había preocupado por apoyar y estimular la cultura y el progreso de Bello, no iba a parecer como “una empresa de poca seriedad y despreocupada totalmente de cuanto tienda a servir los intereses de la sociedad en que actúa”.

 

La empresa no tardo en responder las inquietudes del Centro Cultural, formuladas en su periódico y, en una extensa misiva, enviada al mismo en diciembre de 1952, detallaba las gestiones realizadas para levantar el monumento. La empresa argumentaba que la promesa no se había realizado porque el municipio no había procedido a abrir una avenida indispensable para la construcción del monumento.

 

La realización de la avenida representaba un alto costo para la administración local, pues debía comprar los inmuebles situados en el trazado del proyecto y comprar un terreno, al cual debía trasladar la escuela que quedaba al frente del Palacio Municipal; además del valor de las obras complementarias a su construcción. En una entrevista realizada por el Centro Cultural al alcalde municipal, Conrado Espinal, afirmaba que existía el mejor ambiente para realizar la avenida y encomendaba el trazo, la financiación y la ejecución a la oficina de Valorización: “ -¿no sería posible que el año entrante (1953) se tengan bastante adelantadas estas gestiones?  - Seguramente así lo prometo, porque mi administración está empeñada en rendir homenaje de justicia a la figura esclarecida de Don Marco Fidel Suárez”[19].

 

La apertura de la avenida y su financiación llegaron de la mano del nuevo cambio político efectuado tras el golpe de estado del general Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953. El general Rojas designó como gobernador del Departamento al coronel Pío Quinto Rengifo, quien con el secretario de Educación Samuel Barrientos Restrepo, apoyaron la apertura de la obra. La conmemoración del centenario de Suárez encontró ambiente favorable en el gobierno de Rojas, pues en el de Laureano Gómez,  el conservatismo oficialista seguía  mirando a Suárez como un presidente “paria” y símbolo de ese conservatismo antioqueño, opositor a sus ideas de Estado y Democracia.  Por otro lado, el gobernador y su secretario fortalecían la posición política de Rojas a nivel local y regional, pues el proyecto pro-centenario tenía acogida en los medios políticos y en la población.

 

Adicionalmente a ésta visión política de la conmemoración, el secretario Samuel Barrientos tenía motivos personales, pues consideraba a Marco Fidel Suárez, pariente suyo; y en consecuencia, apoyó a la Junta Pro-centenario y al Centro Cultural; para realizar el concurso sobre el Monumento y la elaboración de la escultura de Suárez. La propuesta ganadora fue la del maestro Constantino Carvajal[20].

 

Cuenta Don Rafael Castaño que al saber el gobernador, el coronel Pío Quinto, que los propietarios de los inmuebles no negociaban sus predios para la apertura de la avenida; un día los reunió en el palacio municipal y les dijo: “Esto se hace con ustedes o contra ustedes”. Ante la presión, los propietarios cedieron; y al otro día, los buldózeres llegaron a tumbar los muros.

 

“la celebración del Centenario de Marco Fidel Suárez, la protección de su Choza con el Monumento y la construcción de la Biblioteca por el Banco de la República, objetivos del Centro durante cinco años, vieron así su culminación exitosa. El Centro vivió en esos días su apoteosis. Luego, varios años después, el Centro siguió funcionando, por lo menos hasta 1960 y acaso más…, pero la ausencia de algunos de sus miembros más activos, perdida la dirección de la Biblioteca ahora en manos de la Administración Municipal y sometida al vaivén burocrático de la política municipal, y la mística ya ausente, provocaron su decadencia, después de diez años de actividad. Su último acta público conocido fue la colocación de una placa de bronce en la casa donde naciera el jurista y diplomático Fernando Vélez Barrientos, el otro hijo ilustre de Bello, injustamente olvidado ahora, la cual se robaron los recicladores de ese metal para lograr unos cuantos centavos. Los archivos se extraviaron y sus integrantes se dispersaron hasta el punto de que no fue posible siquiera reunir sobrevivientes para celebrar en 1999, los 50 años de su fundación, dice con nostalgia, finalmente, Delimiro Moreno”. (Entrevista a Delimiro Moreno, abril 2 de 2005).



[1] Entrevista a Delimiro Moreno. Febrero de 2005.

[2] Prólogo de Armando Estrada Villa al libro “La Patria Adolorida” de Abelardo Ospina López.

[3] Delimiro Moreno “El Centro Cultural y la Biblioteca Marco Fidel Suárez”. En: Pregón Bellanita, 23 de junio de 2001. Año 1, No. 8.  Helena Galvis y Marta Montoya son recordadas como las directoras más activas en 1952, por su amabilidad con los lectores y su eficiente administración.

[4] Editorial “Propósitos” de Rafael Castaño, Periódico IDEAS, No. 1, Septiembre 7-1952, página tercera.

[5] Entrevista a Delimiro Moreno y Abel Alvarez. Ibid.

[6] Entrevista a Don Rafael Castaño, jueves 13 de enero de 2005.

[7] La Asamblea Nacional Constituyente, instalada por Laureano Gómez,  y continuada por el General Rojas Pinilla, realizó el mencionado reemplazo administrativo. Álvaro Tirado Mejía “Rojas Pinilla: del golpe de opinión al exilio”. Nueva Historia de Colombia, Tomo II, página 109.

[8] Decreto No. 8 del 25 de enero de 1951. Archivo Histórico de Bello, Biblioteca Marco Fidel Suárez.  Delimiro Moreno. Pregón Bellanita, 23 de junio de 2001.  Ibid.

[9] Entrevista a Don Rafael Castaño, Ibid.

[10] “La Biblioteca Pública Marco Fidel Suárez”. IDEAS, No. 1, Bello, Septiembre 7 de 1952,  página cuarta.

[11] Acuerdo 15 del 5 de enero de 1955: “por medio del cual se honra la memoria de Don Marco Fidel Suárez, en el primer centenario de su nacimiento”. Archivo Histórico de Bello, Biblioteca Marco Fidel Suárez.

[12] El Colombiano,  miércoles 17 de Septiembre de 1952.

[13] Revista Sábado,  20 de diciembre de 1952, No. 473. Dirigida por el historiador y político liberal, Abelardo Forero Benavides.

[14] “IDEAS debe ser el pan”. Periódico IDEAS,  No 4, Bello, Diciembre 20 de 1952, página cuatro.

[15] Rafael Castaño, Editorial: “Otro año que se va”. Periódico IDEAS, No. 4 Bello, Diciembre 20 de 1952. página tres.

[16] Delimiro Moreno. Pregón Bellanita, 23 de junio de 2001.  Ibid.

[17] Periódico IDEAS, Bello, septiembre 27 de 1952. No. 2 página 1.

[18] IDEAS,  No. 2, Bello, Septiembre 27 de 1952. página cuarta.

[19] IDEAS,  No. 4, Bello, Diciembre 20 de 1952. página primera.

[20] Entrevista a Don Rafael Castaño, ibid.